miércoles, 25 de febrero de 2009

Lo extraño, ¡tanto!



¡Qué bueno, Fernanda, que te prendiste a la propuesta! Y qué bueno que haya sido hoy, que desde la mañana temprano no hago más que extrañarlo... Hoy es como que no puedo creerlo... Que no puede ser. Que es imposible.
Tu relato me conmovió muchísimo... Me trajo muchas imágenes. Recuerdo la alegría que tenía Hugo cuando viniste con Toni. Estaba decidido a ser su guía turísitico...
Y recuerdo también las discusiones que tuvimos cuando decidió viajar a Europa con Vero y Asiri pequeñísima... Y ahora pienso: ¡¡¡QUÉ BUENO QUE LO HIZO!!! (Ese exacto pensamiento me asaltó en el taxi yendo a Aeroparque para tomar el avión que me llevaba a despedirlo). Como vos bien decís, Hugo se daba los gustos y nos daba los gustos. Era más amigo que nadie... Es cierto que es dificil ejercer la amistad como lo hacía él...
Me vino en este momento un recuerdo muy gracioso: cuando yo estrené el espectáculo Tres Mañanas salió una crítica muy buena en Clarín. Y Hugo me llamó ¡A LAS 6 DE LA MAÑANA! para avisarme. Me despertó a los gritos, bien a lo Hugo... Y yo, obvio, lo puteé porque ya la había visto antes de acostarme... Pero al rato, no habría pasado ni una hora, tocó el timbre con el Clarín y facturas en la mano... Así era Hugo... ¡Qué difícil se me hace esa conjugación del verbo!

martes, 24 de febrero de 2009

"Navegar é preciso"







Y eso que lo conocí no hace mucho tiempo. La verdad lo había visto en los ochenta pero no lo intuí, ni lo supe ver. Fué allá por el 2000, con una valijita en la mano y trajeado, cuando empecé a entender. Ya era el hermano elegido por mi hermana y lo aprendí a querer: viendo como paseaba a mis sobrinos en coche en las dunas de Villa Gesell, como compraba los huevos de pascua para todos , como llegaba a mirar televisión a casa con las medias con agujeros, como ya siendo un señor grande seguía confiando en la transformación social, como la creía y la militaba en cada gesto. En el 2002 cuando estuvo Toni en Buenos Aires dimos vueltas y vueltas con el coche, finalmente encontramos el Bar Seddon que ya se había mudado, fue un gustazo. De esa noche son algunas de estas fotos. Toni, mi compañero, ahí mismo lo aprendió a querer. Estuvo con Vero y Asiri aquí en Barcelona, todavía recordamos la casita rodante parada aquí abajo. Qué locura, con Asiri pequeña y salían supertarde a pasear, casi de noche y volvían ya casi la madrugada. Y se dió el gusto y pasearon por Europa. Y así iba Hugo dándose y dándonolos los gustos. Su amor por Vero, Asiri y Lazaro nos lo mostraba en la CANTIDAD de fotos que enviaba, tengo el ordenador lleno.Hugo me enseñó muchas cosas, una de ellas el valor de la amistad. No creo pueda ser tan amiga como el lo fué. El humanismo de Hugo estaba allí, jamás lo escuché hablar mal de nadie, siempre entendía y comprendía, tampoco se borraba y Siempre contagiaba alegría. Extraño su voz, su companía pero mientras escribo esto sonrio, tengo el corazón lleno de su presencia. Fernanda Duprat

viernes, 13 de febrero de 2009

Hugo Bellini: ¡un padrazo!

¡Qué difícil es participar! ¡Qué difícil es escribir –ahora que se murió– sobre Hugo!
Su sempiterna impuntualidad, su “peterpanesca” manera de transitar la vida, su manera tan antojadiza de explicar la “utopía”, hubiesen bastado (de ser fiel a mis dogmáticos paradigmas) para condenarlo. Pero siempre había algo (y lo digo habiéndolo tratado muy poco tiempo) que le concedía una singular impunidad. Cuando digo “singular”, lo hago porque su seductora simpatía hacía una parte y porque nunca (que yo sepa) sus pecas fueron tan graves. Es más, pienso que el juez más severo hubiese sido benévolo con Bellini por ambas cosas. Pienso que en los argumentos de la sentencia, Usía, dejaría explicitadas dos cosas, una: que Bellini era un simpático –cuanto más– travieso; y la otra: que Bellini era un buen tipo. Un muy buen tipo.
Es más, creo que Dios (o aún algo superior para quienes se jactan de su ateísmo) hizo que dos hijos nazcan de él; y que él –durante el poco tiempo en que pudo ejercerlo– hiciera honor a la paternidad; algo que tiene mucho que ver con una bendición o una gracia; aunque también con un accidente biológico. Hugo Bellini (me consta) eligió hacerse cargo de las obligaciones (y también de los derechos) que impone lo primero. Lo hizo como todo un hombre, y yo lo admiro por ello.
Por lo demás, le tocó morirse. Demasiado pronto, a mi gusto. A nosotros nos corresponde llorarlo, acompañarlo hasta su tumba y pensar qué podemos hacer por los que quedan. Acompañarlo dentro o allende de su tumba, no parece una buena decisión. Es un acto que nos iguala con Antígona… y esta chica… no es un muy buen ejemplo que digamos
A mí me parece que, Bellini, aún con esa apariencia de “cachivache” hubiese hecho esto por mí (me refiero a pensar en los que quedan); porque yo estoy seguro de que en él, en el señor Hugo Bellini, aún con todas sus excentricidades y con todos sus pintoresquismos, vivía la esencia del buen militante. Del camarada, del compañero. Su actitud como “padre” así me lo demuestra.
La cuestión es que las cartas se dieron así. Él murió y yo sigo. Puedo “prestar oreja”, “poner el pecho” y hasta “la mano en el bolsillo” y todo eso está bien; pero me vienen ganas de dejar escritas estas palabras por si algún día las llegan a leer Lázaro Bellini y Asiri Bellini. Yo quiero decirles que Hugo fue un padre admirable y –porque tuve un gran padre y porque desearía que alguna vez alguien diga esto de mí– sostengo que es eso, su responsable y amorosa paternidad, lo que me demuestra que Hugo Bellini fue un gran tipo. Nada más.

Fernando Musante

viernes, 6 de febrero de 2009

Recibiendo el 2000

La llegada del 2000 nos había inquietado mucho. Y un grupo de amigos decidimos pasarlo juntos. Se armó una linda movida, en la casa de Vilma y Roberto Favaloro, que terminó con muchos recibiendo el amanecer en la costanera. Llevamos champagne y brindamos por el comienzo del nuevo milenio y el nuevo siglo. Por supuesto, Hugo fue motor de esa movida. Fue una gran noche. Bailamos, brindamos, nos emocionamos... Aquí , dos fotos con la Negra Scandizzo, con quien nos veíamos muy seguido por aquellos tiempos...




jueves, 5 de febrero de 2009

06/01/09 - 06/02-09

6 de febrero. Un mes... Es insoportable.

La Mayor, la Menor y el del Medio - 2000/2001

La Mayor, la Menor y el del Medio
de S. Gutierrez Posse, L. Laragione, S. Poujol, S. Torres Molina y V. Winner





FICHA TÉCNICA:

Actores (por orden de aparición): Teresa Murias / Hugo Bellini / Stella Matute / Carolina Faraci / Marcelo Riva. Luces: Jorge Leyba. Coreografía: Silvia Vladimivsky. Escenografía y vestuario: Carlos Di Pasquo. Asistencia de dirección: Juan Parodi. Dirección: Daniel Marcove.


A partir de la inquietud de algunos actores que habían realizado un taller de entrenamiento actoral con Daniel Marcove (entre los que estaba Hugo), este convocó a cinco autores para que escribieran cinco monólogos para cinco actores. La consigna fue "una familia, lo oculto, lo que no se dice". Cada autor escribió para un actor determinado. Y luego, esos cinco monólogos fueron entrecruzados en una "dramaturgia de ensayos".


Hugo encarnó a "Papito", un apropiador de niños en la Dictadura Militar. Para él fue un enorme desafío porque criticaba muchísimo a ese nefasto personaje. Lo logró con soltura.


El espectáculo se estrenó el 16 de Octubre de 2000 en el teatro Anfitrión (que se inauguraba con este proyecto). Luego se presentó en el 9º Festival de Teatro del Valle de Punilla y en el Centro Cultural San Martín. La Mayor, la Menor y el del Medio significó para todos trabajar con amigos, con calidez, con alegría. Y además una experiencia inigualable en cuanto a "monologar" con otros. Fue particular, potente, donde lo individual generaba lo colectivo y el silencio provocaba la palabra...





¿Quién era Hugo Bellini?

Conocí a Hugo Bellini en el año 1981. En una reunión en la casa de Pilar Flaster. Aquellas reuniones todavía tenían un color “clandestino” y todos nos sentíamos un poco cómplices de no sé qué cosa… Yo estaba sentada en el piso y no podía dejar de mirar a ese hombrecito flaco e inquieto que parecía no iba a dejar de moverse nunca. Bailaba, caminaba, ponía música, la cambiaba, proponía brindis y reía incansablemente. Me resultó un poco insoportable y se lo hice saber… Él se me quedó mirando con su característica mirada diáfana y al cabo de unos segundos lanzó una muy sonora, aguda e inigualable carcajada y me dijo casi a los gritos: “¡No te pongás asiiiií, Matuteeeee!”. De ahí en más sólo nos quedó querernos e ir construyendo una muy honesta amistad que duró hasta ahora. Y más…
Siempre nos dijimos todo… hasta hacernos enojar mutuamente. Para luego amigarnos en un brindis o un abrazo.

Hemos compartido desde grandes alegrías a profundos dolores. Desde enormes logros a duras decepciones. Muchas fiestas (eso sí), algunos desazones y encuentros intensos. Hugo era (cómo me cuesta esa conjugación del verbo) un verdadero personaje. Insólito, por cierto. Eterno adolescente, enamoradizo incorregible, leal, solidario, buen amigo, soñador empedernido, ingenuo, bastante irresponsable, militante incansable del “Síndrome de Peter Pan”… Pero también comprometido militante de la amistad, de los derechos humanos, de la lucha por un mundo mejor.

Hugo estuvo cada vez que lo necesité. En las buenas y en las malas. Muy cerquita cuando nació Lautaro, mi hijo. Muchas veces recorrió la ciudad para conseguirme pañales, que en aquel alfonsineco año 89 escaseaban… Compañero fundamental en largas noches de llantos. Muchas veces venía a casa con comida y vino. Otras simplemente se sentaba en el comedor a imponer compañía. Cuando tomé mis primeras vacaciones con Lautaro fue él quien me llevó a Retiro y despachó todo el equipaje y se encargó de tranquilizarme. Cuando cumplí 40 años lo festejé en su casa y fue él el motor organizativo de esa fiesta. Cuando viajé a España fue él quien se encargó de comprarme el Assist Card para que “estuviera protegida”. Y fue él quien llevo a Lautaro y a Julián a esperarme a mi regreso. Ese mismo año el teatro nos unió en el elenco de “La mayor, la menor y el del medio” y fue una experiencia increíble para nuestra amistad. Nunca dejaba de sorprenderme. Hugo podía creer que una caja de alfajores cordobeses eran un buen regalo de casamiento. Y considerar que el mejor regalo que podía hacerle a su mujer el día de su Boda era “afeitarse la barba”. Tenía millones de esos detalles insólitos que lo hacían único. Súper único. Después de una minuciosa y larguísima búsqueda conoció, finalmente, a “la mujer de su vida”. Una jujeña enorme llamada Verónica. Y con ella tuvo a Asiri Victoria que, fiel a su nombre, es un derroche de alegría. Un poco más tarde pero más temprano llegaría Lázaro… Y así armó esa familia con la que tanto soñó.Fue una de las personas que más me hizo reír y más me hizo rabiar… Tenía características que me irritaban hasta lo imposible. Una de ellas era su obstinada impuntualidad. Hugo llegaba siempre tarde. Pero, también, Hugo SIEMPRE llegaba. Aunque uno ya se hubiera ido, cansado de esperarlo. A lo único que llegó temprano fue otra de las malas pasadas que le jugó esa impuntualidad incorregible. Llegó demasiado temprano a su muerte… Demasiado temprano…El 6 de enero parece que los Reyes pasaron por Córdoba y se lo llevaron con ellos como un invitado especial. No calcularon que nos dejaban tan huérfanos de brindis, fiestas, risas, abrazos y maravillas. También enojos, a qué negarlo. Por suerte está Asiri, que apenas se sienta a la mesa mira profundo a los ojos, alza su copa y dice “¡Brindemos!”. Y Lázaro, que es su imagen y semejanza en escala. Sin ningún ánimo de “bajar” mandatos, seguramente serán ellos (y los recuerdos) lo que lo mantengan vivo en los que lo queremos (adviértase el presente del verbo...)

Finalmente, para contestar(me) la pregunta del título: Hugo Bellini es el hermano que elegí. Mi amigo. Y lo voy a extrañar por el resto del camino.

Stella Matute